lunes, 1 de agosto de 2011

UN ARTÍCULO MUY INTERESANTE...

En el Blog El Adarve he encontrado este post que me ha gustado muchísimo y quisiera compartirlo. ES un blog muy recomendable, me encantan sus entradas...
"La cháchara vana nos distrae muchas veces de los problemas y nos aleja de la realidad. Nos mantiene entretenidos en discusiones y en debates que no conducen a ninguna parte. Los debates sobre cuestiones teóricas en los que cada uno se aferra a su opinión sin escuchar a nadie, nos encierra en la ficción.
Me llama mucho la atención que en los debates que tantas veces se producen en televisión nadie cambie su posición inicial ante los argumentos esgrimidos por los contrincantes. Todas las personas terminan con su posición inicial afianzada.
- Hablen menos y hagan más, les decimos desesperados a nuestros políticos.
- Hablen menos y hagan más, nos dicen angustiados los jóvenes que no ven nuestro ejemplo sino que escuchan nuestros discursos.
- Hablen menos y hagan más, les decimos a los predicadores que no mueven un músculo para solucionar los problemas.
He visto con desesperanza el interminable proceso sobre la negociación colectiva entre sindicatos, patronal y gobierno. ¿Cómo es posible que no se pongan de acuerdo en algo tan fundamental? Cada uno se aferra a sus posiciones sin atender a los argumentos de los interlocutores. No hay acuerdo. Pasan los días, las semanas, los meses, los años. La realidad está ahí clamando soluciones urgentes, pero las conversaciones se reanudan una y otra vez para nunca llegar al acuerdo.
He visto con inquietud el último debate sobre el estado de la Nación. Cada partido aferrado a sus posiciones, sin escuchar a los demás. Repitiendo una y otra vez sus argumentos y afilando los cuchillos de la crítica a los adversarios. ¿Y las soluciones?
He leído, al respecto, una interesante historia en el libro “Aplícate el cuento”, de Jaume Soler y M. Mercé Conanglia. Son los fundadores de la Fundació ÁMBIT, Institut per al Creixement Personal de Barcelona y coautores del libro “La ecología emocional”, en el que proponen dar un paso más allá de la Inteligencia Emocional, añadiendo a dicho concepto los de responsabilidad y consideración del impacto emocional global. La historia es la siguiente.
Cuatro ranas se han subido a un madero que navega arrastrado por las aguas del río. Es una experiencia nueva para ellas y cada una interpreta a su manera.
La primera rana dice:
- ¡Qué madero tan maravilloso! Es un madero mágico que se mueve por fuerza propia como nunca habíamos visto.
La segunda rana la corrige:
- Te equivocas. El madero no tiene vida ni se mueve. Es como cualquier otro madero inerte. Lo que se mueve son las aguas del río que van hacia el mar y arrastran el madero.
La tercera rana corrige a las dos primeras:
- Ni se mueve el madero, ni se mueve el río. Lo único que se mueve es nuestro pensamiento. El movimiento está solo en la mente. Lo demás es pura ilusión. Esta es la verdad.
- La discusión se hace cada vez más intensa. Cada una de las ranas insiste reiterando los argumentos y enlazándolos con otros nuevos que, al hilo de la discusión, van apareciendo. Cada una trata de justificar su punto de vista sin atender aquellos argumentos que cada vez con más fuerza presentan las dos interlocutoras.
La cuarta rana escucha callada la acalorada discusión y de repente grita:
- ¡Cuidado! Oigo el ruido de una catarata por donde vamos a precipitarnos si no saltamos antes.
Las tres ranas están tan empecinadas en tener cada una razón que no escuchan lo que se les advierte. Insisten en rebatir los argumentos de sus oponentes y en mostrar las evidencias que fundamentan su punto de vista.
Sin pensárselo dos veces, la cuarta rana deja de un salto el madero y alcanza la orilla salvándose. En cambio, las otras tres, y el madero en el que se mantenían a flote, caen por la catarata, mientras el ruido de las aguas ahoga su discusión y la fuerza del golpe con la frágil existencia de sus vidas.
La aplicación del cuento a la que hacen alusión el autor y autora del libro salta a la vista. Las ranas obstinadas cerraron sus ojos a las advertencias, cerraron sus oídos al ruido preveniente de la catarata. Solo les importaba no la verdad sino el sostenimiento de su punto de vista.
No minusvaloro la palabra frente a la acción. Un libro del fallecido José María Cabodevilla tenía este hermoso título “Palabras son amores”. Se refería, como es obvio, a ese refrán que dice : “Obras son amores y no buenas razones”. El problema reside en tejer con las palabras una red que nos aísle de la realidad y de la vida. El problema es enfrascarse en discusiones estériles en las que prime por encima de todo, no encontrar la verdad sino defender las propias tesis. Me llama mucho la atención que en los debates que tantas veces se producen en televisión nadie cambie su posición inicial ante los argumentos esgrimidos por los contrincantes. Todas las personas terminan con su posición inicial afianzada.
En algunos debates organizados en el aula pido, una vez formados los dos bloques y aclaradas las posturas que tienen que defender cada uno, que se cambien de lugar si son persuadidos por la argumentación de los contrincantes. Pocas veces sucede. A veces, después de un tiempo de argumentación, pido que se cambien las posiciones y que ahora defiendan lo que antes estaban criticando.
Cuántas veces los acalorados debates políticos en los que cada partido defiende posiciones de manera acérrima mientras los gritos de la ciudadanía no son escuchados, hacen que nos estrellemos contra realidades adversas a las que no se ha querido o podido hacer frente.
Cuántas veces las posiciones discrepantes sobre lo que debe hacerse en educación impide que se haga nada que realmente nos ayude a avanzar.
Cuántas veces las discusiones de la pareja sobre lo que se debe hacer con los hijos e hijas maniata a los interlocutores y los mantiene alejados de la realidad y de las intervenciones concretas que tienen que llevar a cabo.
Más les hubiera valido a las tres ranas estar atentas a las advertencias de su compañera y al ruido que provenía de la catarata que iba a terminar con sus vidas".
VISTO en el Adarve de Miguel Santos Guerra

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