lunes, 26 de septiembre de 2011

APRENDEMOS TODOS : Manifiesto por una nueva educación


¿Eres maestro? ¿Te gusta más la palabra profesor? ¡Da igual! De cualquier forma hubo un momento en tu vida en el que tomaste la decisión de dedicarte a enseñar. ¿Qué idea tenias entonces de lo que era realizar este trabajo? ¿Qué te encuentras ahora en tus manos?

Lo que está claro es que no es tarea fácil.

Si miramos a un niño en sus inicios o echamos para atrás en nuestro recuerdo, veremos que todos aprendemos por imitación. Copiamos actitudes, gestos y usos del entorno entendiendo que, si lo hacen los ‘mayores’, es que se puede hacer.

Validamos sus acciones con las nuestras pues ellos registran lo que hacemos, no lo que decimos.

La neurología (Manfred Spitfer) nos dice que ‘sin una cálida vinculación entre maestros y alumnos no se produce ningún verdadero aprendizaje, sino una instrucción intelectual y memorística que conduce a un saber muerto, aprendido mecánicamente y olvidado enseguida”.

Los aprendizajes sólo se hacen ‘vivos’ cuando integramos en ellos todo lo que somos, porque el reclamo igualmente es a todo lo que soy, no sólo a mi cabeza. Cuando el maestro consigue esto, pasa a ser la autoridad querida que los niños buscan como referencia. Es entonces cuando aceptan las reglas y los límites y disfrutan de este orden sólido y benéfico de su ejemplo.

Ser maestro, por lo tanto, es verdaderamente una forma de posicionarse y estar en el mundo. Es ser un ejemplo noble y honesto de una forma de ser y hacer. ¿Quién no ha sido marcado por la imagen, ejemplo o espíritu de algún profesor que supo transmitirle en un momento de su vida mucho más que unos datos dignos o interesantes? Seguro que fue más allá de lo supuesto o esperado tocando tu mejor parte para dotar de un profundo sentido aquello que hacías y aprendías. Te exigió la mejor respuesta pero desde lo mejor de ti, desde aquello que tu mismo desconocías.

Y la siguiente pregunta es: ¿Quién me forma para esto? ¿Dónde está escrito que tenga que hacerlo?

Esta tarea no viene registrada en ningún manual y tu sueldo llegará igual a tu cuenta corriente a final de mes lo hagas o no. Pero la otra cuenta corriente, la que revisas cada noche al acostarte, aquella que habla de sentido vital y buen hacer, no será la misma.

Todos llevamos una vida complicada. Pasan los días sin tiempo para pensar cómo vivimos. Todo es urgente, para todo hay prisa, hay que crecer rápido, actuar rápido, pensar rápido, poniendo nuestras energías en ¡resistir! pero… ¿Para cuándo dejamos lo importante? ¿De qué nos sirve pasar cursos si nada de nosotros se ha quedado en nuestros alumnos, si más que llenar una vida estamos llenando un espacio y un tiempo?

Nadie va a venir a recuperar para los ‘profes’ ese valor, esa autoridad moral, ese noble y valioso trabajo. No habrá probablemente tanto reconocimiento como sería justo ni nos subirán el sueldo. Pero, precisamente por eso, ese poder está en nuestras manos, siendo la única realidad que podemos cambiar y donde siempre saldremos beneficiados. Mi cuota de satisfacción personal no está en manos de nadie y mi queja sólo es el reconocimiento de un poder que reclamo a alguien, dándolo por perdido.

Esta recuperación de tu poder moral, de tu verdad, te protege de la rutina y de la indiferencia y se convierte en catalizador de ese mismo cambio en tu entorno.

Ningún padre ni maestro puede tener este tipo de autoridad a la fuerza, pues son nuestros hijos y alumnos los que nos la dan con su atención, su respeto y afecto, algo que nosotros les hemos dado previamente.

Vuelvo a reconocer que no es fácil, pues la autoridad completa es aquella que también es sustentada por la sociedad, pero también repito que es ahí donde está nuestro poder real. Mi cuerpo, mi yo, mi persona es el único campo de ‘batalla’ donde gano siempre. Mi único campo de actuación real y sólido, de donde surgirá el compromiso con otras actuaciones externas.

Ahora le damos una y mil vueltas a proyectos pedagógicos, estrategias de aprendizaje, modelos educativos y demás herramientas y no hay que despreciarlas, pero un mal profesor lo será igualmente con pizarra digital y uno bueno dará igualmente su magnifico ejemplo también el día que dicha pizarra no funcione.

Si el mundo está como está, asustado y sin saber muy bien cuáles son los recambios, creo que la única labor libre y pendiente es sacar la mejor versión de nosotros mismos.

Y es ahí donde tenemos que aprender todos.

*Marina Escalona es promotora del movimiento ‘Aprendemos todos’
VISTO EN POR EL CAMINO DE LAS EMOCIONES

2 comentarios:

tanci dijo...

La coherencia y la autenticidad del maestro lleva a una práctica inigualable. Los frutos que se recogen van en función de esa autenticidad y coherencia.Cada día se hace más necesario ser reales ante las situaciones, ante la propia vida y ante uno mismo. Por desarrollo personal y emocional. Y de paso fortalecemos la salud. Un saludo Mary y hasta más ver que son señas de volver. ;-)

EL BLOG DEL COLEGIO GUAYONGE dijo...

Gracias Tanci...bonito comentario y muy cierto!! Me encantó este manifiesto y todo lo que expone Marina Escalona en ese artículo y por eso lo quise compartir...es cierto que cuando no se establece una conexión emocional es muy difícil llegar al alumno/a...
Hasta pronto!!...Besos