domingo, 18 de septiembre de 2011

DOCENTES, CONVIVENCIA Y COMPETENCIAS BÁSICAS...

Con este título, Eligia Rodríguez Rivero, comienza un artículo que me parece muy interesante y que me gustaría compartir en este espacio. Está publicado en la revista "La Libreta" (nº 5)  del CEP de La Laguna, aunque yo he llegado a ella a través de la publicación del compañero Denko Mesa en su Blog: Contenido Cero que siempre trata temas de mucha actualidad e interés... Es un poco largo pero merece la pena...




"La L.O.E. (Ley de Ordenación Educativa 2/2006) nos plantea un gran reto no sólo como docentes, sino como ciudadanos y seres humanos, dicha ley ambiciona y promueve una concepción de la educación y un desarrollo de los alumnos desde principios y valores, que se hayan en proceso incierto en las actuales sociedades occidentales, en plena crisis no sólo económica: integralidad, equidad, igualdad, convivencia.

Mientras que durante muchos años las relaciones familiares, sociales y laborales se caracterizaron por una gran estabilidad y homogeneidad, en la actualidad vivimos en un entorno cambiante, variable y totalmente heterogéneo, en el que los pilares sociales no son capaces de dar la estabilidad que procuraban antaño. Esta situación está provocando sentimientos de desamparo, desarraigo y conductas poco adaptativas en las personas, además de dificultades educativas, abandono escolar, desempleo, poca integración social (1)… Este hecho, unido a una educación en la que durante muchos años se ha potenciado y considerado superior lo cognitivo y la razón, frente a lo emocional y los sentimientos, ha contribuido también a este gran desequilibrio en las personas, y especialmente en los niños y adolescentes. En aquellos contextos socio familiares dónde hay cierta coherencia y transmisión de valores, actitudes y emociones socializadoras, los alumnos muestran mayor adaptación escolar y mejor rendimiento, en aquellos otros, dónde falta estructura, pautas y valores, los alumnos son más frágiles frente a las demandas escolares y los padres frente a las demandas socio laborales y familiares (2).

La convivencia es el hecho social de vivir juntos, exige de la interacción, es decir del uno con el otro y no significa solamente coexistir, dejar que el otro esté sin entablar más que relaciones puramente “profesionales”, lejanas y desapegadas. La convivencia es un hecho colectivo que implica a todo el mundo, incluso al que no quiere saber nada de nadie, pues con esa actitud también está comunicando una forma de hacer y de relación con el otro (3).

Debido a ello, es una “acción intencionada” que se refleja en una serie de medidas, actitudes y valores que sustenta y pone en funcionamiento al conjunto de la comunidad educativa.

El Plan de Convivencia surge para crear en el centro un clima de relaciones y de convivencia basado en el respeto, el diálogo y la colaboración. Este planteamiento se inscribe en el modelo integrado de gestión de la convivencia, en el cual se sustenta el estilo que proponemos para prevenir y abordar los conflictos: relación respetuosa y pacífica entre las partes en conflicto, pero bajo la responsabilidad del centro, es decir, diálogo y colaboración entre las partes, compatible con el respeto a las normas y con la aplicación de sanciones. El modelo de gestión de la convivencia más extendido en los centros educativos es el punitivo-sancionador. En algunos centros, el equipo directivo y algunos tutores responde al modelo relacional, es decir, búsqueda de solución a los problemas a través del diálogo. Sin embargo, en nuestro planteamiento formativo y de trabajo, adoptamos el modelo integrado para orientar la forma de prevenir y abordar los conflictos, porque recoge los aspectos más valiosos de los dos modelos anteriores. Este modelo concibe el conflicto como un hecho natural en la convivencia, ni malo ni bueno en sí mismo. Es la manera de abordarlo la que permite un ambiente de relaciones respetuoso y un uso educativo del conflicto (5). El concepto de autoridad se refuerza, se hace más sólido, porque se conjugan criterios prácticos y éticos, y sobre la decisión final de un tercero cobran protagonismo las partes. La comunidad educativa es consciente de que se humaniza el reglamento y su aplicación, de que el centro es un agente activo y responsable, no sólo de la convivencia, sino de la disciplina.

Como docentes debemos ser conscientes de que la finalidad de la educación es lograr el desarrollo integral de nuestros alumnos, que adquieran los objetivos educativos y que alcancen las competencias básicas, lo cual implica un salto cualitativo en autoconocimiento, autorregulación, pensamiento crítico, desarrollo ético y gestión de conflictos ¡! ¿Cuánto y cómo podemos transmitir estos saberes? ¿De qué manera podemos articular la incorporación de estas demandas?

Será, a través de medidas organizativas, y de funcionamiento, inclusivas y participativas, que permitan la construcción de la convivencia dentro y fuera de las aulas, siendo reflejadas en el Plan de Convivencia. Será, incorporando nuevas estrategias metodológicas qué de forma consciente y programada favorezcan el desarrollo socioemocional dentro y fuera de las aulas (6). Ocurrirá en la medida que avancemos como equipos de trabajo y abandonemos viejas prácticas de individualismo y aula-isla que nos impregnan. Será reflexionando de forma individual y conjunta sobre la “cultura de guerra” en la todos estamos embarcados y en los triángulos de poder que la sustentan y perpetúan. A través de los diferentes cursos y acciones puntuales que realizo trato de acompañar facilitando cambios, para lograr los siguientes objetivos:

  1. Promover una cultura de paz y convivencia que se refleje en todos los componentes y elementos del Centro Escolar.
  2. Inducir en el profesorado un proceso de reflexión y formación para aumentar la conciencia sobre su rol como facilitadores en el desarrollo integral de los alumnos.
  3. Afianzar el trabajo colaborativo y cooperativo del profesorado en los Centros.
  4. Aumentar las estrategias del profesorado en la solución de conflictos que plantea el alumnado y/o los padres.
  5. Facilitar herramientas de Inteligencia Emocional y Pedagogía Sistémica.
  6. Promover estrategias participativas para la mejora de la convivencia
El Plan de Convivencia es el documento dónde se recoge nuestro funcionamiento como equipo humano que gestiona conflictos humanos, de convivencia, que no siempre llegan al expediente sancionador. Utilizamos la reflexión, la clarificación de emociones, la disculpa, la reparación del daño, negociación, mediación, conciliación. En una perspectiva educativa de resolución de conflictos, en un interés en la prevención más que en la sanción, no es reiterar lo que ya se recoge en los RRI y los NOF, es elaborar un marco de trabajo, de enseñanza-aprendizaje y de relaciones (docentes-padres-alumnos-sociedad) constructivas, positivas y no violentas.

Por lo tanto nuestras funciones deben reorientarse hacia una educación más integral del alumnado, en la que cuidemos y eduquemos la cognición y las emociones por igual, y en la que ofrezcamos a nuestros alumnos unos entornos de aprendizaje más positivos y ricos, que los que ellos mismos podrían lograr por sus propios medios y fuerzas. Y para ello haremos especial hincapié en el desarrollo de la conciencia de las emociones y la inteligencia emocional, introduciendo y diseñando de tareas que contribuyan a que los alumnos realmente desarrollen las competencias básicas, y no sólo, adquieran conocimientos.

Es obvio y a nadie se le puede escapar que la sociedad actual ha cambiado de forma desbordante. Las familias, las relaciones, el mundo laboral, los contravalores, las nuevas tecnologías… han modificado y configurado una nueva realidad en un espacio muy breve de tiempo, en la que la escuela, una vez más, es puerta de entrada cuando recibe y trata de enseñar a las nuevas generaciones, que nacen y crecen en este mundo que les hemos dado.

Cada vez somos más los docentes que tenemos problemas para desarrollar nuestra función en el aula, debido a la desmotivación de los alumnos hacia el estudio y las actitudes indisciplinadas que muestran (5). Las familias tienen, a menudo, diferencias irreconciliables con la escuela, ya que bilateralmente echamos la culpa al contrario de estas características de los alumnos. Y en medio de este fuego cruzado encontramos al alumnado, que demanda a los adultos alguna forma de ayuda que nos reconocer o integrar.


Algunos docentes hemos percibido o intuido esta realidad, ya que no se trata de situaciones puntuales o concretas, sino de un cambio global en el alumnado –y en la sociedad-. Y por eso nos parece evidente que la actual situación nos empuja a tener una mirada más amplia sobre lo que ocurre, a buscar nuevas herramientas y a trabajar desde la cooperación y la investigación-acción para seguir realizando nuestras funciones en el nuevo escenario".
                                Eligia Rodríguez Rivero
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REFERENCIAS

(1) “La modernidad líquida” Zygmunt Bauman.
(2) Elzo, J., Feixa C., Giménez-Salinas E. “Jóvenes y Valores, la clave para la sociedad del futuro”. Programa de la Obra Social La Caixa.
(3) Marina, José Antonio, “Aprender a Convivir”. Editorial Ariel, año 2006.
(4) Vinyamata, E. (coord.), R. Alzate, M. Burguet, N.Curbelo, F.Dantí, Moreno Marimón, M. Muñoz Belmar, B. Muñoz Maya, C. Pallás, P. Quera, G.Sastre., “Aprender del conflicto”. Conflictología y Educación. Editorial Graó, año 2003.
(5) Martín Melero, José, “Conflictividad Escolar y la nueva profesión docente”. Ediciones Aljibe, año 2009.
(6) Traveset, Mercé “Pedagogía Sistémica”. Editorial Graó, año 2008.
(7) Vinyamata, E. “Conflictología. Curso de Resolución de Conflictos”. Editorial Ariel, año 2009.
(8) Ley de Ordenación Educativa de 2 mayo de 2006.
(9) Decretos del Currículo para la Comunidad Autónoma de Canarias.
(10) Borrador Decreto de Convivencia.

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