viernes, 19 de julio de 2013

LOS LIBROS SON PARA EL VERANO...

Cuando era pequeña y llegaban los primeros calores, previniéndonos del verano que estaba a punto de llegar, mi madre siempre repetía la misma cantinela: "Vete a casa de la familia López, a ver qué te tienen preparado para este verano". Yo, sin pensármelo dos veces, salía disparada hacia esa casa, que para mí estaba llena de misterios. 

Desde la primera vez que estuve en ella, me quedé fascinada por su gran e impresionante biblioteca. Ahora, con el tiempo, pienso que no era fruto de que yo era pequeña y que su tamaño para mí era colosal, sino de que realmente los libros de mil tamaños y formas estaban ordenados en grandes estanterías de madera, meticulosamente puestos siguiendo una clasificación que para mí era totalmente desconocida. Ocupaban paredes y más paredes, como si fueran el papel pintado o el estuco que decoraba el piso. Yo siempre los miraba pensando que algún día, cuando tuviera mi propia casa, copiaría cada detalle de esa fabulosa biblioteca. 

Al abrirse la puerta, la señora López, Aurelia, me recibía detrás de sus gruesas gafas y con voz suave, casi como un susurro. Me agarraba de la mano, para llevarme al comedor, me sentaba en una silla y empezaba el primer acto de mi opereta veraniega. 

- Ahora tienes 8 años y he echo una lista de libros para ti. Los he escogido meticulosamente pensando en lo que a ti más te gusta, aventuras, misterio, historias tiernas? espero que te gusten. 

A lo que yo asentía, muda, para no romper el hechizo. Entonces llegaba la parte mágica: los libros salían de lugares recónditos como si hubieran sido llamados por una fuerza misteriosa. Aurelia seguía hablándome en voz baja: 

- Mira, con este vivirás la hazaña de tres jóvenes valientes, con este surcarás los mares del sur, con este te enamorarás de todo tipo de animales, con este descubrirás las historias de las estrellas que iluminan el firmamento. 
Y así, por arte de magia, los libros se iban acumulando en la mesa formando altos torreones. ¡Diez, quince, hasta veinte! Yo, mientras, en un papel iba apuntando los títulos escogidos para ser leídos y literalmente devorados durante los meses de verano que tenía por delante. 

Al finalizar, Aurelia me miraba con sus azules ojos y me decía: 

- Cuídalos, que aletean y tienen vida. 

Haciendo diversas veces el mismo trayecto, me los llevaba a casa. 

Luego, cuidadosamente los protegía forrándolos con papeles de mil colores y los metía en una maleta, para que no se estropearan, guardándolos como si fueran mi más preciado tesoro. 

El segundo acto transcurría como el sueño de una noche de verano, rodeada de grandes aventuras, viajando a lugares remotos, descubriendo estrellas fugaces. A primera hora de la mañana con mi libro a cuestas, como si fuera una extensión de mi cuerpo, me paseaba por todos los rincones de la casa. Del comedor al baño, de la cocina al jardín, del banco de la entrada a la hamaca de debajo del almendro. Y cada minuto libre que mis actividades familiares me brindaban metía la nariz entre esas hojas llenas de palabras encadenadas, experimentando una levitación de todo mi ser. Mi cuerpo y mi alma iban al compás del relato, sin tomar aliento: vivía las vidas de otros como si fueran mías y me sentía realmente viva. 

El tercer acto era la despedida dolorosa. Después de meses compartidos, me tocaba devolverlos. Les sacaba los forros para resaltar su piel original, los abrazaba y los llevaba de nuevo a la casa encantada. 

Los años han pasado y sigo experimentando las mismas bonitas sensaciones de esos veranos de la infancia. Por eso quisiera invitaros a llenar todos los días, y en verano en especial, de libros. Espero que experimentéis y sintáis que sin ellos nos falta algo. 

Tener un libro entre las manos, supone tener la oportunidad de vivir en la piel del otro, vibrar con sus temores, alegrías, y cómo no, llorar por sus pérdidas. 

En definitiva: ser y estar vivo.
                                               Asha Miró
Visto en La Provincia

sábado, 13 de julio de 2013

SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA CANDIDATA A CAPITAL EUROPEA DE LA JUVENTUD 2016...


Vídeo oficial de la candidatura de San Cristóbal de La Laguna a Capital Europea de la Juventud 2016. Dentro del marco Let YOUth talent grow! y con retos para el 2020.

martes, 2 de julio de 2013

ENSEÑAR A LOS NIÑOS Y NIÑAS A EQUIVOCARSE SIN MIEDO...PARA REFLEXIONAR...


Muchas veces pensamos que quien se equivoca es menos competente o más tendente al fracaso. Sin embargo, hace años que los estudios científicos internacionales arrojan resultados que demuestran lo contrario. Los niños con menor miedo al fracaso obtienen mejores resultados en la escuela (y en todo lo demás).
Un estudio reciente de investigadores franceses, publicado en la APA (Asociación Americana de Pediatría), encontró que los niños a los que se había dicho que el aprendizaje podía ser difícil y que cabía la posibilidad de fracasar, obtuvieron mejores resultados que aquellos a los que no se les había proporcionado esta información. Cuando los niños se encuentran en situación de miedo al fracaso, se muestran más reacios a afrontar nuevos retos, explorar sus capacidades y aprender de forma placentera.
 ¿Que debemos hacer para ayudar a los niños? 
1. Eliminar las expresiones negativas ante el fracaso.   Acompañarles en sus procesos de aprendizaje y juego de una manera positiva, felicitándoles por sus intentos y no solo por sus logros.
2. No dar ayuda no requerida.
Muchas veces nuestras ganas de que logren sus objetivos cuanto antes y de que les supongan el menor sufrimiento posible, nos empujan a prestar una ayuda que no se nos ha pedido. Esto, que a priori no debiera ser malo, puede afectar a la autoestima de los más pequeños haciéndoles pensar que son incapaces de lograr las cosas por sus propios medios. Así que permite a los niños intentarlo tantas veces como quieran, no tengas prisa y dales el consuelo que necesario cuando sea oportuno. Ya hemos visto que saber que se enfrentan a un reto difícil y que es posible no conseguirlo les ayudará a ser menos reticentes ante nuevas experiencias, por costosas que sean estas.
3. Proporcionarles un ambiente adecuado 
¿Cual es el mejor ambiente para el desarrollo del aprendizaje? Pues es aquel rico en estímulos donde se pueda jugar y explorar con seguridad, tanto física como muy especialmente, emocional. Un niño que se siente seguro en sus relaciones afectivas, estará preparado para asumir cualquier reto. Por ello es importante acompañarles en sus juegos, permitiendo que sean ellos quienes lleven la iniciativa.
4. No compararles con otros.
Cada niño es único, tiene unas pautas de desarrollo propias. Las comparativas y competiciones por un premio, nota o aprobación, lo único que hacen es dañar la autoestima del pequeño (esto es malo tanto si alcanza los objetivos, puesto que la presión a la que se ve sometido es muy fuerte, como si no lo hace ya que entonces pensará que no está a la altura del resto), además puede terminar haciendo las cosas no por su valor intrínseco, sino solo por el premio o temor al castigo. De esta manera le educaremos en el desinterés por las cosas que no produzcan una recompensa externa o cuya no ejecución no genere un castigo. 
5. Ser un buen ejemplo.
Los niños deben saber que el error es algo común y que nos pasa a todos, así que pese a lo mucho que nos gusta sentirnos como super héroes, en ese pedestal en el que nos ven los pequeños, es importante contarles que nosotras también nos equivocamos y que esto, nos ayuda a hacerlo mejor la próxima vez.
Recuerda, al final la lección más importante, es enseñar a disfrutar con cada cosa que haga, sin miedo.

Visto en :ShikobaKids un blog al que llegué por casualidad pero que les recomiendo visitar. Publica cosas muy interesantes que nos hacen "reflexionar"...